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El valor de ser vulnerable: 5 lecciones que aprendí como mentora de carrera
DATA: 03/02/2026
Por Fernanda Antonelli, Directora de Personas, Comunicación y Marketing en Horiens
El año pasado tuve el placer de ser mentora en un Programa de Mentoría Ejecutiva para Mujeres. ¡Qué experiencia tan enriquecedora! Para mí, el programa fue una oportunidad de organizar y reforzar muchos de los aprendizajes que ya vivo en mi día a día corporativo.
Más que un proceso de desarrollo profesional, vivir una mentoría de mujer a mujer tiene un significado aún más profundo. Hay un tipo distinto de escucha, una identificación natural y un intercambio genuino sobre los desafíos y logros que marcan la trayectoria femenina en el mundo corporativo. Esta conexión crea un espacio de confianza, empatía y fortalecimiento mutuo—algo que trasciende técnicas y metodologías.
Según el Global Mentoring Group, la mentoría es “el proceso de apoyar a una persona en la identificación y creación de estados deseados, desarrollando y accediendo a sus recursos internos para obtener resultados de forma acelerada”. Desde el inicio de este camino con mi aprendiz, he reflexionado sobre lo que realmente hace este proceso tan transformador para ambas y cómo influye positivamente en las trayectorias que estamos construyendo dentro de nuestras organizaciones.
A continuación, comparto cinco lecciones que me llevo de este ciclo que termina y que creo que pueden inspirar a otras mujeres en sus carreras.
1. La vulnerabilidad es fortaleza
En los procesos de mentoría, es común que las primeras conversaciones giren en torno a metas y resultados. Todo esto es importante, pero la conexión verdadera surge cuando hay espacio para la vulnerabilidad.
Cuando mentora y aprendiz comparten dudas, inseguridades y aprendizajes sin miedo a ser juzgadas, la relación se humaniza y la confianza florece. A partir de ahí, las conversaciones se vuelven más auténticas, las preguntas más profundas y los intercambios más significativos.
Estoy segura de que este proceso es enriquecedor para cualquier profesional, especialmente en el contexto del liderazgo femenino, donde aún tenemos muchos desafíos por delante, a pesar de los avances de los últimos años.
2. Objetivos claros evitan frustraciones
Creo que uno de los aspectos más importantes de cualquier mentoría es definir con claridad los objetivos que queremos alcanzar. Por ello, es fundamental fomentar una reflexión estructurada desde el principio, ayudando a cada participante a comprender:
- ¿Cuál es su plan de vida y carrera?
- ¿Adónde quiere llegar profesionalmente?
- ¿Qué competencias o comportamientos necesita desarrollar?
- ¿Cómo se conectan estos objetivos con la estrategia y los retos de la organización?
Cuando existe claridad, el recorrido se vuelve más coherente, medible y alineado. La mentoría deja de ser solo un intercambio de experiencias y empieza a generar un impacto real.
3. Escuchar es más poderoso que responder
Como mentora, me resultó natural querer compartir mis experiencias y ofrecer caminos. Sin embargo, descubrí que la verdadera fuerza de la mentoría reside menos en las respuestas preparadas y más en la escucha activa y genuina.
Crear un espacio de reflexión—donde la aprendiz pueda escucharse, cuestionarse y construir sus propias respuestas—es lo que realmente impulsa el aprendizaje y el autoconocimiento.
La mentoría no consiste en señalar soluciones, sino en construir un ambiente de confianza en el que cada mujer se reconozca como agente de su propio destino; es decir, como protagonista de su trayectoria.
La mentora deja de ser quien “marca el camino” para convertirse en quien ayuda a formular las preguntas adecuadas, permitiendo que cada mujer descubra por sí misma la dirección que tiene más sentido para ella.
4. Una carrera con intención
Las trayectorias profesionales suelen seguir caminos establecidos, con etapas y expectativas claramente definidas. Sin embargo, cada carrera puede (y debe) construirse de manera intencionada, alineada con lo que realmente tiene sentido para quien la recorre.
Participar en un proceso de mentoría es también una invitación a reflexionar sobre cuestiones esenciales:
- ¿Qué deseo mejorar en mí a lo largo de este camino?
- ¿Qué legado quiero dejar a la organización y a las personas que me rodean?
- ¿Cómo se conecta mi actuación con mis valores y motivaciones?
Creo que cuando una carrera se conduce con esta claridad, gana en resiliencia, autenticidad y significado.
5. Cerrar un ciclo, abrir caminos
Al concluir este ciclo de mentoría, miro hacia atrás y reconozco las conexiones construidas, los aprendizajes compartidos y las transformaciones—muchas veces silenciosas—que ocurrieron a lo largo del proceso.
Más que resultados tangibles, este camino recorrido en dúo deja como marca la importancia de la confianza, la claridad, el coraje y la coherencia con los propios valores para una buena gestión de carrera.
Estos elementos fortalecen no solo el desarrollo individual, sino también a las empresas y sus culturas, creando entornos más empáticos y colaborativos.
Creo que recorrer el camino de esta manera, con intención y apertura a lo nuevo, es lo que hace que una carrera evolucione. Como dice Brené Brown en su libro El coraje de ser imperfecto (que recomiendo a todos):
“El valor no consiste en ganar o perder, sino en mostrarse con el corazón abierto, incluso sin garantizar el resultado.”

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